Se buscan “mujeres buenas”  para convertirlas en candidatas, presidentas, diputadas o lo que se ofrezca.

on June 25 | in Columnas | by | with No Comments

“Feminismo no es lo mismo que mujerismo”.

 Por: Susana Wuotto

Feminista

Hace algunos años, ya más de una década, cuando las feministas poblanas defendimos la inclusión en el Código Electoral de la obligación a los partidos políticos para incluir candidaturas de mujeres a puestos de elección popular como propietarias, sabíamos el riesgo que corríamos, pero lo minimizamos, que los partidos políticos, en su mayoría, pero sobre todo aquellos donde las corrientes centro-derechizadas son mayoría vulgarizaran la lucha por la igualdad que tanto nos había costado para convertirla en la más grosera muestra del “mujerismo” que consiste en apelar a la retórica emocional, es decir, que la simple condición de mujer, utilizada para lograr la  inmediata sintonía con el electorado, presente a la mujer que se dedica a la política  como la típica mujer “respetuosa”, “disciplinada”, “acogedora” ,“cercana”,  “pacífica”, “madre”, “compañera”, “conocedora de los problemas sociales”, que se dedica al quehacer político más justo y noble, pero que no descuida para nada su papel como buena esposa y madre, que todas sus tareas irán encaminadas a lograr ensalzar su papel como la cuidadora, evitando siempre que las mujeres se presenten como seres independientes, fuertes y suficientemente carismáticas para lograr un liderazgo propio.

De esa manera, vimos llegar a los cargos públicos a más mujeres que dicen “yo no, no soy feminista, soy mujer y femenina”, claro este tipo de mujeres no pueden ser feministas, el feminismo no es una cuestión biológica dada por el simple azar de haber nacido con ovarios, el feminismo tiene que ver con el pensamiento, la acción y la disposición para cambiar una sociedad llena de discriminación y de injustica.

“No es lo mismo ser feminista que ser mujerista, las feministas entienden la diversidad como base de la igualdad. La mujeristas intentan homogeneizar a todas las mujeres para exigir solidaridad” (Lydia Cacho, Sin Embargo, junio 2012)

Una feminista nunca llamaría al electorado a votar por ella solo por ser mujer, una feminista se enfocaría en sus habilidades, conocimiento, preparación y convicciones, razones que son trascendentales y válidas.

Las mujeristas aluden simplemente a sus características sexuales como base de la construcción genérica como una forma de discriminación hacia las otras.

Las feministas saben que hay una gran diversidad de mujeres y que hay que unirse con otras distintas e iguales para fomentar valores solidarios, para defender el derecho de las otras a ser libres, pero no para aceptar la sumisión y el control sobre su vida y sus cuerpos.


“Pensar desde el ángulo feminista es tener claro que la unidad entre las mujeres no es natural, que esta unidad y solidaridad debe ser construida, día a día.”


Las feministas saben que no es muestra de “solidaridad” entre mujeres, el apoyar a “cualquier mujer” solo por el simple hecho de serlo.

Las mujeristas permiten que se utilice el discurso  pseudo feminista para atraer la solidaridad y el “apoyo” de las mujeres, pero a la hora de tomar decisiones son un instrumento de su jefe o patriarca, de aquel que durante largos años las ha “pobreteado” y considerado grupos vulnerables, que las  considera sujetas a su dominio y merecedoras de  su  ayuda y comprensión como compañero protector, haciéndolas así su instrumento, perpetuándolas en las tradicionales condiciones de subordinación.

Este es el reto de las feministas, que indirectamente, sin intención, han contribuido a esto, cuando pensaron que llenar todos los espacios que la ley confiere a las mujeres, con cualquier mujer, era válido, entonces llegaron aquellas mujeres que esperan que solo por serlo se les den las cosas, que utilizan la diferencia de género para llegar al objetivo central, juntar votos para aquel hombre que las ha “protegido”, que han convertido los cargos públicos en una cuestión familiar, considerando el poder matrimonial compartido como una razón para lograr el poder público, lo que no es otra cosa que una muestra más del viejo poder patriarcal masculino en su versión del siglo XXI.

Y también es responsabilidad, de esas mujeres que al interior de sus partidos se asumen como progresistas feministas, pero cuando hay que dar la batalla interna no se arriesgan a la crítica ni sitúan los temas de género en primer lugar cuando estos van  por encima de sus intereses partidistas.

Pensar desde el ángulo feminista es tener claro que la unidad entre las mujeres no es natural, que esta unidad y solidaridad debe ser construida, día a día, desarrollando alianzas, que una feminista nunca llamaría al electorado a votar por ella por ser la sumisa esposa de alguien, una feminista tiene claro que las mujeres somos habitantes comunes de este mundo, de distintos tipos y niveles, que no somos más confiables, ni más honestas, ni más entregadas solo por el accidente de haber nacido biológicamente mujeres.

Que apoyar a una mujerista constituye una falta de respeto hacia las mujeres que con tanto esfuerzo han conseguido el que disfrutemos de un estatus como sujetos y de unos derechos como ciudadanas que hasta no hace mucho eran impensables y de los que también las conservadoras hacen uso sin haberlos peleado o habiéndolos peleado en su contra, el que las reivindicaciones de igualdad se acoten a la defensa de tal o cual postura política por el simple hecho de que sea una mujer quien la sostenga y si no, a modo de ejemplo ahí  está Elba Esther Gordillo.

Lo importante es no perder de vista que un cuerpo y cara de mujer no te hacen ni mejor ni peor y que todas las mujeres no estamos obligadas a apoyar incondicionalmente lo realizado por una mujer, la decisión va más allá de ser hombre o mujer, el voto debe basarse en el análisis, la reflexión profunda de la plataforma de las y los candidatos, sin  perder de vista los objetivos de la lucha.

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