Multitud January 20, 2017

Por Celina Peña Guzmán

Foto: Hilda Ríos
El pasado 6 de enero se cumplió una fecha importante en la vida de Puebla: han pasado cinco meses desde que el huracán Earl, tocó la Sierra Norte de Puebla, dejando a su paso destrucción y dolor entre las familias serranas.
La tragedia se ha movido por varias etapas, desde la destrucción, la indiferencia y la inmediatez mediática local hasta la toma de fotografía de políticos como el presidente de la República, Enrique Peña Nieto y el gobernador Rafael Moreno Valle.
La ayuda desde entonces llegó a “cuentagotas”, condicionada por prioridades políticas, y en todas las ocasiones insuficiente. En los últimos meses del año el equipo de Multitud llegó a Xaltepec, Cuacuila y otras localidades del municipio de Huauchinango, gracias a la preocupación del periodista huauchinanguense Jorge Armando Hernández Cabrera, colaborador también de Multitud.
El equipo llevaba apenas unas cuantas visitas en el municipio de Juan Galindo por motivos académicos, cuando nos encontramos de golpe con la tragedia. Nos cayó como el huracán en la Sierra, de golpe y sin aviso, aunque sabíamos del hecho, habíamos olvidado las consecuencias y las pérdidas humanas. Periodistas como nuestra directora de fotografía Mireya Novo y nuestra coordinadora de foto Hilda Ríos se preguntaron el sentido no sólo del periodismo, sino del propio medio,
En el próximo número impreso de Multitud Mireya Novo seguramente se planteará las preguntas que nuestro amigo, Jacinto Rodríguez Munguía, nos hizo cuando le platicamos del proyecto: ¿para qué quieren hacer Multitud?, ¿qué tipo de periodismo quieren hacer? Y la más abrumadora ¿Qué responsabilidad social tienen?

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Mireya Novo aún no encuentra la respuesta, pero nos sigue rondando, y de algún modo nos impulsa no sólo a cuestionarnos el sentido del periodismo, si sólo tomar la posición de proveer de información, cumplir con nuestra misión de informar lo más objetivamente posible o actuar si está en nuestras manos; que es una manera de darle rostro y voz a quien no tiene, al estilo del periodista polaco Ryzard Kapuscinski.
Porque como ha descrito Pierre Bourdieu la terrible violencia simbólica siempre avasalla a los que menos tienen quienes son los que siempre pierden en un mundo desigual.
En mi vida también me he regalado la tarea de intentar dejar un mundo mejor de cómo lo encontré, desde luego no lo aprendí de un día para otro y tampoco me llegó como un suave resoplido en el oído. Cada mañana me he propuesto intentar al menos, ser mejor persona, porque lo juré cada sábado en el grupo 3 Scout de la provincia Puebla, donde conocí hermanos que siempre me han brindado su mano, que me han enseñado no sólo a remar mi propia canoa y trazar bajo la luz de las estrellas mi propio camino, también a fuerza de amar y servir, a tomar otras manos, y saber que con cada grano de arena uno puede darse el lujo de ver a la luz de la luna las mejores dunas.
Entendí que nuestras lágrimas, nuestros dolores pasajeros, lo acepto, pueden convertirse en una acción de amor y solidaridad como en su momento lo hizo el comediante francés Coluche en 1985, con Les Enfoirés o “Los cabrones” que llevan día a día alimento y ayuda a los que menos tienen.
Comprendo que es insuficiente pero agradezco no sólo el apoyo de Sandra Mendoza, mi ex Aquela; Enrique Solórzano, Thá, Chaparrín, Rafael Aguilar y el clancito de niños increíbles, cuasi fresas, que tocaron puertas, abrieron cerrojos y rompieron ventanas para llevar un poco, sólo un poco de ayuda a las familias de Xaltepec, los primeros que se sumaron fueron los Rotarios Mirador, Toño García, mi querida hermana Yazmín, mi cuñado Beto y mi mamá, María Guzmán, además de las familias y miembros de algunos colegios de la ciudad de Puebla.
Nuestra tarea no ha terminado, falta mucho, pero en esta noble labor no hay necesidad de tomarse la foto, de posar con la despensa, incluso este pequeño homenaje epistolar, resulta innecesario pero es debido hacerlo.
Quiero pensar que somos los Enfoirés de Puebla, somos esos “cabrones” que se enfadan con la injusticia, que pueden soltar una cámara, perder la foto y tomar la mano de un hermano del mundo, caminar y no soltar su mano, aun cuando el lente no tome la foto que “ganaría” un premio, pero sí tengamos esa libertad de elegir nuestro camino a pesar de nuestra circunstancia; eso es Multitud para mí.
Recuerdo las primeras reuniones en la Capetería y en la casa de nuestras fotógrafas cuando Mario Martell ese dreamer que siempre regañamos porque su nobleza a veces incomoda, pedía casi silenciosamente que bautizáramos a este medio con el nombre de “Multitud”, en honor al filósofo italiano Antonio Negri, autor de El imperio y la Multitud.
Mario nos convenció cuando nos explicó que hemos pasado de los siglos anteriores al nuestro a observar los cambios y las transformaciones sociales de modo distinto, en las que en el pasado eran luchas hechas desde la clase obrera contra el capital; a la era de las luchas donde la multitud es el nuevo sujeto social en el mundo de un capitalismo que controla la comunicación digital.
Esta es nuestra propuesta. Nosotros, todos los que hacemos que esta maquinaria trabaje, desde la siempre sonriente Gissel hasta el grandioso de Arnold, Elsa, Mario, Mireya, Hilda, Jorge Armando, Arely, Ángel, Alfredo, Dany, Rubén, Paco, Liliana, Ruy, Susana, Miguel, Jacinto, Diego Enrique, Alejandro y cada uno de nuestros colaboradores y columnistas, deseamos para usted lector, que busca una propuesta diferente de periodismo.
Aspiramos a que la violencia, la corrupción y la injusticia se vuelvan algo anormal en este proceso en que la masa se convierte en una multitud.
Eso hemos prometido a todos nuestros colaboradores, con esa actitud transformadora, sin prebendas, sin vendajes, sin “amarres” ni compromisos, más que con usted y con nuestra propia forma de vida.
Somos Multitud y queremos que las tragedias, cuyos efectos devastadores se amplifican por la acción y la negligencia humanas, dejen de ser notas, que los triunfos y las historias de los habitantes y ciudadanos de este gran país dejen de ser menospreciados, y que sigamos uniendo esfuerzos, como el que nuestros hermanos scouts nos dieron como ejemplo el pasado 10 de diciembre acogiendo la necesidad de familias en la Sierra Norte, siempre pensando en el proverbio que nos dicta la conciencia de que “lo que tú haces por alguien, es dos veces por ti”. Este humilde logro no es nuestro, es de ustedes que creyeron y colaboraron con su enorme grano de arena, formando parte de esta Multitud.

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