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La Sierra Mágica

on March 1 | in Arca de Ideas, Columnas | by | with No Comments

Babel

Los “Pueblos Mágicos” etiqueta mercadológica  que oculta la destrucción y la pobreza que sufren los pueblos de la sierra norte de Puebla.

Por Gissel Santander

Foto: Hilda Ríos

La “Sierra mágica” es el nuevo destino que la Secretaría de Turismo y el gobierno estatal de Puebla nos invitan a conocer y recorrer a través de la ruta de los denominados Pueblos Mágicos de la Sierra Norte de Puebla. Para todo poblano, la Sierra es en sí un concepto abstracto, sabemos que existe, que está ahí, conocemos y nos relacionamos con personas que vienen a la capital a estudiar, a hacer trámites, comprar, vender, etcétera. Ellos se rehúsan a ser parte de los Pipopes, utilizan una lada telefónica de su estado vecino, Hidalgo, pero ahora todos estamos invitados a visitarla, hacerla nuestra y por supuesto, sentirnos orgullosos por nuestro liderazgo en la categoría de Pueblos Mágicos, lo que significa, según la definición que ofrece la Secretaría de Turismo federal a través de su portal: “Localidades con atributos simbólicos, leyendas, historia, hechos trascendentes, cotidianidad, magia que te emanan en cada una de sus manifestaciones socio-culturales, y que significan hoy día un [sic] gran oportunidad para el aprovechamiento turístico.”
Sí es esto lo que define a un pueblo, entonces por qué la fijación de modificar las relaciones socioculturales, por qué promover y abrirle las puertas a los proyectos de muerte que sobre explotan sus recursos naturales y se convierten en el depredador más peligroso de la “magia”.
Durante el pasado periodo vacacional, un par de amigos tomaron la invitación de recorrer la Sierra Norte de Puebla, su destino, el Pueblo Mágico de Huauchinango, ganador en 2015 de la iglesia más bella y próximo a celebrar su cumpleaños 155. Tres horas de carretera a bordo de un VW, una buena cantidad de topes y baches fueron develando la belleza de los paisajes serranos. Chignahuapan y Zacatlán, los primeros dos pueblos mágicos de esta ruta, fueron paradas obligadas para tomar las fotos necesarias.
A unos 20 kilómetros de consumar el trayecto, el coche se averió, después de saber que entre los que transitan cotidianamente por ahí, ese tramo es llamado “el matadero”, la neblina y la noche llegaron para complicar las soluciones. Un conductor confiado, de esos que ya casi no existen, afortunadamente se detuvo a auxiliarlos, resolvieron el asunto mecánico y les explicó cómo salir de ahí.
Al llegar a Huauchinango y disfrutar de su gastronomía, estos viajeros habían hecho con facilidad un par de amigos que no se cansaban de recomendarles actividades de todo tipo. La calidez del trato de los serranos, comentan, es lo mejor del viaje, en ningún momento te sientes fuera de casa. Durante la plática, las quejas sobre las autoridades del pueblo y la situación en la que se encuentran las comunidades aledañas salieron a flote y sin pena en los detalles. Por ejemplo, a finales del año pasado, el zócalo de Huauchinango, así como la iglesia se veían perfectamente iluminados con todo tipo de decorado navideño, en contraste con las comunidades que desde el 6 de agosto sufren las consecuencias del Huracán Earl. En la comunidad de Cuacuila, el camino que la comunica con la cabecera municipal permanece cerrado desde hace 5 meses, por lo que decidieron dejar de lado las propuestas de los folletos turísticos y visitar la realidad.

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El saldo del paso del huracán Earl dejó tres decenas de muertos, en su mayoría menores de edad. Al llegar a la comunidad de Xaltepec, donde el deslave de un cerro arrasó con casas, coches y los servicios básicos, la gente entre lágrimas les contaba lo sucedido, las trágicas escenas al ver sus casas y familiares sepultados en el lodo sin poder hacer nada.
Xaltepec, es parte de los proyectos turísticos, aunque por el momento en pausa. La situación no mejora y al parecer autoridades estatales y municipales, no proponen soluciones. Para ellos existe un antes y un después del 6 de agosto, ahora hablan de cinco meses sin luz, sin casa, sin escuela y escases de trabajo, pues los campos de cultivo se encuentran altamente dañados y abandonados debido a la falta de recursos.
Al salir de ahí, transitaban sobre la carretera que va hacía la presa de Necaxa, sitio emblemático, pues su construcción data de 1905 e iluminó por primera vez la ciudad de México. Al lado del camino, la comunidad de Patoltecoya había sufrido un derrumbe, apenas dos días antes, tres muertos y tres heridos eran el saldo.
Esta vez no era culpa de Earl, sino del desgaste y el debilitamiento del suelo que provocan los mega proyectos de la autopista México Tuxpan, gasoductos, oleoductos, explotación de gas por fracking y minas a cielo abierto en los alrededores.
Las conclusiones del viaje resultaron llenas de matices, pues sin duda la gastronomía del lugar, sus paisajes e historia los dejó maravillados, encantados de haber entrado a la Sierra Mágica. La Secretaría de Turismo no se equivoca al hacer difusión de todo esto. Sin embargo, “El Programa Pueblos Mágicos contribuye a revalorar a un conjunto de poblaciones del país que siempre han estado en el imaginario colectivo de la nación en su conjunto y que representan alternativas frescas y diferentes para los visitantes nacionales y extranjeros.” Explica Sectur, aunque la realidad deje ver completamente lo contrario. ¿Sierra Mágica? Supongo que después de ese viaje se encuentra la “magia” de la destrucción, de la rapidez con la que se sobreexplota el suelo, se privatiza y se pone en peligro la vida de la verdadera magia, la de sus habitantes.

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