San Sebastián de Aparicio sobrevive a la “modernidad” de la Angelópolis

on June 8 | in Sociedad, Sujetos, Uncategorized | by | with No Comments

Por Elsa Arce Cote

Fotos: Ángel Franco y Celina Peña.

 

San Sebastián de Aparicio, en la periferia de la ciudad de Puebla, conserva su aire añejo, de comunidad arraigada en el tiempo. La modernidad de la Angelópolis contrasta con los lazos simbólicos y familiares de los habitantes de este mundo tradicional.

A unos 9 kilómetros de la ciudad de Puebla, lo primero que se divisa es el estadio de fútbol Cuahutémoc, el segundo piso de la autopista divide las apariencias modernizadoras de Puebla del mundo tradicional de Aparicio.


 

La Junta Auxiliar de San Sebastián de Aparicio forma parte de las 17 juntas que están integradas al municipio de Puebla a partir del “Decreto por el cual se suprimen los municipios de San Jerónimo Caleras, San Felipe Hueyotlipan, San Miguel Canoa, La Resurrección y Totimehuacán, los que se anexan al municipio de Puebla”, expedido por el Congreso del Estado el jueves 6 de septiembre de 1962.

Cada una de las comunidades que fueron convertidas en juntas auxiliares, en su mayoría eran antiguos poblados, rancherías e incluso municipios, como en el caso de San Miguel Canoa, que fueron integrados administrativamente al municipio de Puebla. A pesar del nuevo trato administrativo, que en realidad rebajó el estatus de los antiguos municipios a algo difuso llamado Junta Auxiliar, estas comunidades han logrado permanecer como entes más o menos autónomos, que siguen conservando sus tradiciones, costumbres y modo de vida, ajeno al devenir de la sociedad que se encuentra allende de la autopista México-Puebla.

Aparicio, nombre con el que comúnmente se denomina a la comunidad, puede presumir de un antiguo abolengo, pues su población ha estado asentada desde hace casi tres siglos en esta región al norte de la ciudad de Puebla.

Esta misma antigüedad es la que ha permitido a sus habitantes formar una comunidad cerrada, basada en los lazos familiares y que en caso de no existir una consanguineidad, las redes sociales se fincan a través de los compadrazgos, por el motivo más solemne como un bautizo o una primera comunión hasta por el estreno de un automóvil o la bendición de una casa.

Esta unión simbólica ha permitido que las costumbres se preserven y que los festejos particulares devengan en públicos. Se acostumbra en la localidad que para las fiestas de quince años, bodas y todo aquello que haya que celebrar, se cierren las calles por medio de una lona que va propiamente adornada con enramadas, globos o flores que avisa al resto de la gente que hay fiesta en el pueblo. Esto se complementa con la presencia de grupos musicales, si es que el dueño de la casa tiene recursos económicos, o en caso de que no los haya, con un buen sonido que se respete poniendo una amplia dotación de luces y bocinas que hace imposible la comunicación entre los asistentes al festejo.

Estas fiestas generalmente terminan con el “Baile del Guajolote”, en el que participan los padrinos, ahijados e invitados, que deben bailar al ritmo de la música, los presentes que se han entregado por “el gusto del compadrazgo”. Es así que guajolotes vivos, piernas de cerdo, canastas con mole, tortillas, botellas de licor, flores y ceras (para que no falte el elemento místico), bailan alegremente sobre la cabeza de los invitados.

 

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Las fiestas patronales

El pasado 25 de febrero, la Junta Auxiliar de San Sebastián de Aparicio celebró una vez más su fiesta patronal. Aunque el templo y convento, edificado en el siglo XVIII, está dedicado a la Virgen del Destierro. Las crónicas relatan que el Beato Sebastián de Aparicio, levantó una pequeña ermita dedicada a la Virgen, donde se detenía a orar de camino hacia la Malinche para recolectar la leña necesaria para el consumo del Convento de San Francisco de Puebla, del que Sebastián era limosnero. La presencia del Beato en el pueblo, es considerada de la mayor importancia, por lo que las festividades religiosas de la comunidad giran alrededor de él. En su honor, se organizan procesiones que son encabezadas por las imágenes de la Virgen del Destierro y del Beato Sebastián de Aparicio, además de otras imágenes importantes para el culto local, como una Virgen de Guadalupe, la Sagrada Familia y una alcancía con la imagen del Beato, que en lo particular me remite a pensar en una especie de paganismo, al adorar el metal que va dentro de la urna.

Cada una de estas imágenes es llevada en andas por las y los cargadores, niños, jóvenes y adultos de ambos sexos, que reciben la invitación del mayordomo en turno para llevar sobre su hombro la imagen y que muchas veces, es el pago de un favor recibido por la intercesión de la Virgen o del Beato. Para la fiesta del 25, se suman mayordomos, comisionados y fiscales, que buscan conjuntar a la comunidad en torno a esta celebración que incluye el arreglo del templo con arcos de flores, la quema de castillos pirotécnicos y la tradicional comida en la casa del mayordomo que incluye al menos unas 5 cazuelas gigantes de mole, tortillas hechas a mano, arroz rojo y tamales de anís, a las que son convidados todos los habitantes del pueblo.

La fiesta se complementa con los tradicionales juegos mecánicos, la vendimia de antojitos como chalupas, gorditas, elotes y pan de fiesta, jaripeo y el tradicional baile que debe ser con algún grupo musical, de más o menos renombre, porque eso está en directa proporción con la reputación del mayordomo, quien quedará muy bien, si en el imaginario popular el grupo es importante, aunque este sea un grupo de los años setenta como el Grupo Miramar o Acapulco Tropical.

 

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Esta permanencia de las tradiciones y costumbres de esta comunidad destaca por el hecho de que San Sebastián de Aparicio se encuentra a unos 9 kilómetros de la ciudad de Puebla, pero el sentir colectivo de la gente es su permanencia dentro de un universo intacto a pesar de la modernidad  impulsada en la ciudad capital. Aparicio sigue siendo un lugar de tradiciones, leyendas, de viejas consejas que ordenan a las nuevas parturientas bañarse en temazcal para “recoger el cuerpo” y beber pulque con ajonjolí que les produzca más leche. Que incluso hace de los sepelios un momento para reforzar las redes sociales que se han vuelto un verdadero entramado y que permiten que las nuevas generaciones sigan conservando y respetando el modo de ser de sus mayores, aun cuando salen de sus fronteras geográficas, ya que sin ser un lugar de expulsión migrante, casi todas las familias tienen a uno de sus miembros en los Estados Unidos, que se van al “otro lado” para forjar un patrimonio familiar que se traduce a una casa o un negocio, pero que a diferencia de otros lugares en Puebla en el que los migrantes no regresan y los pueblos se convierten en lugares fantasma, los migrantes de Aparicio tienen como regla general retornar a sus casas a disfrutar del fruto de su trabajo, ya que eso también forma parte del prestigio social de las familias.

Así entonces, la comunidad de San Sebastián de Aparicio, vive y pervive en sus tradiciones, enseña a sus niños y jóvenes a pertenecer a ese pequeño terruño local, donde han vivido sus padres y abuelos, logrando que a pesar de ser una más de las 17 juntas auxiliares de la capital, que a más de tres siglos de fundación, continúa siendo un espacio generador de identidad colectiva.

 

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