Una mirada al campo mexicano

on June 22 | in Uncategorized | by | with No Comments

Por Arely Carrera
Foto: Hilda Ríos

Después de su toma de posesión como presidente, Donald Trump, ha implementado una serie de medidas perjudiciales para México, como la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y la construcción de un muro fronterizo para evitar la migración al país americano. Ante tal escenario, ahora, más que nunca, es necesario ver a un sector importante y olvidado a lo largo de la historia del país: el campo.

En México, la Industria del campo genera un porcentaje considerable de los alimentos que consumen miles de familias mexicanas; además de los ingresos por las exportaciones que se hacen a los países vecinos (EE UU y Canadá). Sin embargo, y pese a los beneficios que trae a la economía mexicana, el campo es uno de los sectores con mayor pobreza a nivel nacional.

No sólo eso, cerca de 10 millones de personas mantienen estrecha relación laboral con el campo; generando bienes y servicios en sus unidades productivas, como los jornaleros agrícolas o el trabajo no remunerado, como sucede con las mujeres y los menores de edad.

México importa cerca del 75% de arroz, 20% de maíz y 42 por cierto del trigo que produce. Después de la firma del TLCAN en 1994, comenzó a importa alrededor de mil 800 millones de dólares en alimentos, por lo que, en los últimos años, se estima que anualmente hay una importación de 24 mil millones de productos del extranjero. Lo que se traduce como la pérdida de soberanía alimentaria en territorio mexicano. Soberanía afectada por las grandes trasnacionales que acaparan los alimentos y determinan los precios de los mismos en la medida que les es beneficioso, a través de la especulación. Los pequeños productores no tienen forma de competir con ellos, pues los recursos del gobierno no cubren la tecnología para mejorar el cultivo.

Por ellos, los agricultores llegan a una situación límite, y deciden migrar para encontrar mejores oportunidades en otro lugar. La opción de conseguir empleos urbanos tampoco muestra un panorama favorable, ya que la demanda de trabajo en las grandes ciudades del país son altas y, entre los requisitos, exigen un nivel de escolaridad o de capacitación superior a los que existen en el medio rural.

Dicha migración se da de dos formas: una en el interior del país a regiones donde existen grandes campos como demanda de trabajo, con un nivel generalizado de explotación laboras. La otra, es la migración de campesinos a los EEUU o Canadá en calidad de inmigrantes, o bien, con visa de trabajo.

Tanto la dependencia de los productos importados, la exportación de alimentos, como la migración a nivel nacional e internacional, son vistas como la única forma de mantener la economía, a través de la industria del campo. Sin embargo, y debido a los actuales cambios, una nueva mirada para producir, consumir y generar productos mexicanos es la propia producción y consumo de los productos cultivados en territorio nacional, deslindándose de las grandes industrias que sólo generan productos químicamente modificados porque están más interesados en obtener ganancias, es decir, sólo responden a los intereses de un modelo capitalista.

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