Un aliviane para madres y padres…

on June 28 | in Arca de Ideas, Mujeres | by | with No Comments

Padres y madres están condenados a repetir los errores que sus padres cometieron en su infancia. No hay escapatoria ni padres ni madres perfectas.

 

Por Alma Ixchel Jacobo

Fotos: Hilda Ríos.

Debo confesar que tratar de aliviar la tensión cuando estás criando un niño es un poco difícil, pensar que cada palabra o acción que hagas va a dejar una marca en su cerebro y en su corazón, estar al tanto de eso, créanme, es agotador y estresante.

 

Se los dice una mujer que pasó más de cinco años en terapia, que se cansó de escarbar hasta en los rincones más pequeños para de verdad ya darle salida a toda la mugre que anduviera por ahí. ¡Y lo logré (creo)!

 

No pensaba ni en tener hijos y luego cuando ya lo quería y después cuando ya lo tuve, la consigna de que “haga lo que haga uno debe guardar un buen ahorro para la terapia de los hijos” me sigue como una máxima.

 

Sé que muchos de ustedes me preguntarán si no sería mejor invertir en ser una “mejor madre”, pero la verdad es que esas no existen, ¡no les estoy diciendo cuántos años pasé en terapia!

 

No sólo yo, millones de personas terminan admitiendo sus problemas y van a intentar darse un reset en cabeza y corazón. Puede que formalmente busquen “aliviar sus males” en el sillón de un psicólogo o que se aventuren en el Amazonas o en Tepoztlán experimentando con Ayahuasca, hasta pasa en el intermedio que uno termina declarándose “fan de los cocteles y la mixología” por no admitir que meramente le gusta el alcohol porque les lleva a otro lugar.

 

Entonces, es un hecho, los padres y madres de este mundo, desde el principio de los tiempos “lo han hecho todo mal” y así seguirá siendo porque…¡no hay padres y madres perfectos! ¡Ufff! Lo dije. (Ey, mamá, ¡tranquila que tampoco es un reclamo!) Pero, asuma esto, señora y señor lector, hágale como le haga los hijos siempre vamos a encontrar en nuestra relación con los padres, la raíz de todos los males.

 

Ahora que partimos todos de una misma realidad, ¿no termina pareciéndoles una buena idea el ahorro para la terapia de los hijos? Es, digamos, uno de los gestos de amor y amabilidad más grande que uno les puede dar; “toma, hijo, ve a que te ayuden a desenredar todo el desmadre que seguro ya te hice”.

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Que si fuimos hijos únicos o tuvimos que compartir juguetes y dulces con otros 4 hermanos, que por ser el más chico o el más grande, si tu mamá era encimosa o ni te pelaba, que si fuiste el más consentido o jugabas cada navidad como Juanito Farías con tu viejo caballo de palo, si trabajaban tus padres y te cuidaron tus abuelos o si nunca te le separabas a tu mamá, si te enseñaron a comer sano o más bien sus enseñanzas terminaron obligándote a vivir sin poder verte en el espejo desnudo, si te llevaron a mil clases o te dejaron todo el día frente a la tele, si te sentiste amado o no entendieron nunca que tus berrinches eran falta de atención o si te dieron tanta atención que te asfixiaron, que si se separaron o son el matrimonio más feliz del mundo y a su lado tu vida amorosa parece un fracaso, si ahora buscas en tu pareja a una madre o padre sustituto por culpa de quién sabe qué maldición gitana, ¡todooooo va a ser una causa de malestar y tropiezos en la vida si uno no enfrenta el problema y va a que le ayuden a hacer una limpia!

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No soy psicóloga, estadista o socióloga para saberlo, pero (no sé si es casualidad de la vida) que tenga como gente cercana a puro atormentado que ha necesitado un terapeuta para superar ciertas cosillas de la vida que terminan molestando, me dice algo. Y entonces, así, aplicando apenas por encimita los pasos del método científico, concluyo que mi hipótesis es más que acertada, vaya usted pensando en un fondo que asegure algunos cuantos años de terapia de su retoño y evítese así también que usted termine en un manicomio. Cada peso será como un relax, una pildorita de alivio ante todos esos experimentos que van a salir mal pero que es inevitable llevarlos a cabo, porque ni hay manual y se gradúa uno de madre nunca, porque aunque nos matemos el día queriendo hacerle a Súper Mamá la verdad es que sonreír todo el día para la cámara sí cansa. Ya verá como después de asumir un par de cosas sobre el muy repetido pero poco valorado “nadie es perfecto” (incluyendo a los papás y mamás), usted se va poniendo cómodx y la vida va fluyendo, fluyendo. Y si acaso siente la mirada acusatoria de algún miembro de nuestra ilustre sociedad, revire diciendo (mientras ríe y mira con desdén) que al menos su hijx tiene ya asegurado su futuro con un buen psicólogo, no falla, se lo garantizo.


Entonces, es un hecho, los padres y madres de este mundo, desde el principio de los tiempos “lo han hecho todo mal” y así seguirá siendo porque…¡no hay padres y madres perfectos!


Una  última observación sobre el método aquí recomendado: no importa si es bajo el colchón, en una lata de galletas, en la alcancía de Star Wars o en el cochinito; en el banco o de verdad con un agente de seguros. Ese guardadito debe, de alguna manera, estar blindado contra terapias que incluyan la telepatía, lectura de trasero, rameadas o pasadas de huevo, irse a vivir al bosque y andar, por ahí, desnudos en comuna, ponerle letreros con la palabra “felicidad” al agua para luego beberla y sentirse poseído por ese sentimiento, libros de autoayuda, similares y conexos. ¿Y cómo se logra ese blindaje? Pues nada, es cosa de enseñar a pensar a sus hijos, investigar y abrirse al mundo de la ciencia, dejarse apapachar, por apenas, sólo algunos, “remedios mágicos”, más por ocio, esparcimiento y descanso (que, nada con exceso todo con medida, siempre traen un poco de alivio) que por devota fe, y hablarle sobre todos los Paulos Cohelos que han timado a este mundo desde siempre y a los que un sector de la humanidad ha querido seguir adorando.

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Si la intuición es una ciencia, como algunos poetas aseguran, ya puede usted ir citando lo aquí leído como “según la ciencia” para darle un apoyo más veraz a su argumento y vamos esparciendo esta loca idea a todos los padres y madres a nuestro alcance. Pensemos, además, que para el nivel de egresados universitarios que hay en nuestro país cada año, necesitamos ser más solidarios y hacer del alivio de nuestra mente una fuente inagotable de empleo. (M)


 

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