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Sobre la relevancia actual de la filosofía

on July 25 | in Arca de Ideas | by | with No Comments

Texto: Fernando Huesca Ramón

Fotos: Ángel Franco y Gael Goznzález

En algún punto de su historia, el ser humano – una especie primate con un una capacidad cerebral más desarrollada que la de otros mamíferos –  comenzó a preguntarse por el sentido de su situación en el mundo. Nada en los genes del homo sapiens dictamina la producción de poemas épicos, de rituales religiosos o de doctrinas filosóficas, sin embargo, la especie humana a lo largo del globo ha desarrollado este tipo de formas culturales de manera independiente (por ejemplo, en China, en Mesopotamia y en Mesoamérica). Ya sorprendentes pinturas rupestres y complejos sitios rituales de la era paleolítica dan cuenta de comportamientos no meramente prácticos, como la cacería, la producción de utensilios o el resguardo; parece ser que el hombre se caracteriza entre las demás especies animales, por una cierta capacidad intensiva de relacionarse con el mundo exterior en búsqueda de algún sentido orientador hacia la propia existencia.

En el mito puede encontrarse una evidencia palpable de ejercicios metódicos de conformación de sentido. La Epopeya de Gilgamesh, por ejemplo, responde de manera impresionante al sempiterno dilema sobre la muerte y el más allá: “Gilgamesh, ¿hacia dónde corres? La vida que persigues, no la encontrarás. Cuando los dioses crearon a la humanidad, le impusieron la muerte; la vida la retuvieron en sus manos. ¡Tú Gilgamesh, llena tu vientre; día y noche vive alegre; haz de cada día un día de fiesta; diviérte y baila noche y día!” La cuestión aparecerá reiteradamente a lo largo del tiempo y el espacio terrestre en forma de conceptos teológicos y filosóficos, así como en formas artísticas de todo tipo. Precisamente se podría considerar al ejercicio intensivo y concienzudo de preguntarse por el sentido del mundo, como la esencia de la actividad filosófica.

Si bien actualmente no existe un panorama homogéneo u acuerdo global sobre los objetos, métodos o funciones sociales de la filosofía (se puede hablar de distintas tradiciones de pensamiento como la filosofía analítica, el marxismo, la fenomenología y la filosofía de la liberación), sería evidente que tanto a nivel de ideal, como a nivel de práctica concreta, tareas como la historia de las ideas, el estudio del lenguaje, el examen de la vida vivida, la crítica de los dispositivos normalizadores y la articulación de organizaciones contestatarias, son las que han llevado a cabo los filósofos del siglo pasado y de vuelta de siglo; de esta manera, la filosofía se ha constituido como un espacio crítico en el seno de la sociedad contemporánea que obliga a quienes se adentran en sus territorios, a reflexionar sobre la propia condición individual y social, sobre cómo se han llegado a formar ciertos dispositivos institucionales, o sobre las tareas que éstos deberían cumplir a nivel interhumano. La pregunta filosófica básica “¿Qué es el hombre?”, en efecto orienta determinadas estructuras teóricas y normativas que configuran el espacio de acción del individuo contemporáneo.

¿Cuál es la importancia de la filosofía frente a un siglo XXI que se manifiesta como un crisol de pugnas ideológicas, crisis humanitarias, desastres ecológicos y barbarie en el seno de la técnica? Justamente la caótica situación sociopolítica de países como México y el maremágnum de información en los medios evidencian la necesidad de una actividad específica, cuya tarea sea colocar al individuo en una situación reflexiva sobre lo que lo rodea, para entender sus diversos modos de operación, y proponer alternativas de dirección hacia maneras más solidarias socialmente y más protectoras hacia el medio ambiente.

“Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo.” aseveró el filósofo español José Ortega y Gasset, con lo que se invita a problematizar el presente de manera amplia. Se puede apostar por buscar mínimos estándares de supervivencia digna para todos, o elevados ideales de justicia en sentidos igualitaristas radicales, se trata de que todo individuo pueda poseer la formación cognitiva necesaria para entender y cuestionar lo existente y para considerar todo mundo presente como producto de desarrollos históricos y de una serie de prácticas instauradas por los propios seres humanos.

La filosofía es una oportunidad para asumirse como ser activo en el mundo, y para explorar precisamente ese aspecto milenario apuntado al inicio, del animal metafísico: el animal que se pregunta por el sentido de lo que contempla y que se se forma a sí mismo solamente en interacción con su entorno. Esta oportunidad no es ni debe ser patrimonio exclusivo de pequeños grupos profesionales o de academias. El espacio de acción para la filosofía debe encontrarse también en las escuelas de formación básica, en las asambleas legislativas, en los códigos de ética médica y científica, así como en todo asunto público.

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La filosofía definitivamente abre amplias posibilidades emancipatorias en la era del nuevo imperialismo, de la consolidación del neoliberalismo como fundamento del Estado y de la reducción de los programas educativos y sociales en nuestro país a mera instrucción para el mercado de trabajo y de gestión neutralizadora de la protesta social. Lo que hace necesaria una acción militante por su conservación a nivel institucional y por su vinculación con otras esferas científicas y sociales.

 

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