La ruta de Armenta

on September 12 | in Política | by | with No Comments

Alejandro Armenta recorre el estado con el discurso de Morena y de López Obrador, a sabiendas de que las encuestas lo catapultan si prevalece en la izquierda de Morena, la competividad electoral.

Por Mario Martell/ @laultima

Fotos: Mireya Novo/ @mireyanovo

“Vamos a hacer patria juntos. Por ningún motivo un régimen es eterno e invencible. Estamos enfrentando a la dinastía del poder en Puebla que busca perpetuar en la esposa del gobernador el saqueo que la deuda significa para Puebla. Esa es la razón de la alianza perversa entre el PRI y el PAN que han pactado con el exgobernador. Estamos con Andrés Manuel y Morena contra la mafia del poder”, expresa Alejandro Armenta.

El diputado federal insiste. Dice que no es un político de chantajes y que tampoco está obsesionado con la candidatura a gobernador. Postea en su sitio de facebook que su lealtad está con la dirigencia de Morena. Persiste en sus críticas a Rafael Moreno Valle, al PRI y al PAN. Se reúne con expanistas y expriistas para sortear el dique del purismo ideológico. El 2018 es la prueba de fuego para los políticos.

En el 2010, Armenta dirigía al PRI. Condujo a su partido con un candidato poco competitivo.  La coalición multipartidista  PAN-PRD-PANAL-MC postuló a Rafael Moreno Valle, quien ganó la elección.

Ahora, Armenta recorre el estado con el discurso de Morena y de López Obrador, a sabiendas de que las encuestas lo catapultan si prevalece en la izquierda de Morena, la competividad electoral.

 

“Estamos con Andrés Manuel y Morena contra la mafia del poder”.

Los 5 meses de Armenta en Morena lo han colocado en el laberinto de la izquierda partidista. El oriundo de Acatzingo es incansable en su actividad política. Una vez que Armenta dejó el PRI debido a las alianzas del tricolor con el PAN, el expriista intenta sortear el tabú de Morena para aceptar a los políticos de otros partidos:
“Sin condición y sin chantaje político estamos con Andrés Manuel y con Morena”, remata.
Armenta se dice listo para competir;  repite su consigna de que cuando compite gana, como lo hizo en la elección federal del 2015 en el distrito de Acatzingo.
Este fin de semana, Alejandro Armenta Mier nombró a Ricardo Villa Escalera, excandidato a la gubernatura de Puebla, como su coordinador político y afirmó que aprovechará “el bagaje de un hombre que quiere a Puebla”.
El lunes Armenta reapareció para frenar los rumores de que incitaba una rebelión en contra de la dirigencia estatal de Morena que encabeza Gabriel Biestro, aspirante a Senador.


Alejandro Armenta continúa moviéndose políticamente a pesar del clima incierto en la izquierda de Morena. Su conocimiento del poder lo ubica en la antesala de la candidatura a la gubernatura por Morena. Será uno de los encuestados para que Morena defina a su candidato a Casa Puebla para enfrentar al PRI y al PAN en lo que se espera una cerrada elección de tercios. Pero el estirón final depende de las veleidades izquierdistas. En la fuerza política de Obrador el ánimo adelantado de triunfo parece orientar sus decisiones.
La aparición de actores externos en Morena no ha sido un día de campo ni una fiesta de bienvenida sino un capítulo más de los encuentros y desencuentros entre culturas de las antípodas.

Aunque tradicionalmente la izquierda electoral, desde los lejanos día del Frente Democrático Nacional en los ochenta, ha recibido entre sus filas a priistas, y aunque Morena contempla en sus estatutos que un 30% de las candidaturas se entregarían a candidatos externos, los delegados estatales se han unido para no cederles las coordinaciones a los políticos que no son fundadores de Morena, creado en el 2015.

Alejandro Armenta Mier abandonó el PRI para buscar la candidatura a gobernador por Morena.

Alejandro Armenta Mier abandonó el PRI para buscar la candidatura a gobernador por Morena.

La votación del 20 de agosto mostró el rechazo hacia los recién llegados. Miguel Barbosa Huerta, senador y experredista, obtuvo 14 votos. Alejandro Armenta alcanzó sólo 6 votos.
Por el contrario, los delegados prefirieron a los militantes de Morena: Rodrigo Abdala, diputado de Morena, quien alcanzó 46 votos; Abelardo Cuéllar, excandidato a diputado por el PRD obtuvo 41 votos y Marco Alonso Aco,  27 votos.

La premisa es muy sencilla: los recién llegados no fundaron Morena y ahora que las encuestas colocan a Andrés Manuel López Obrador como puntero en las encuestas, los neomorenistas buscan una candidatura cuando los fundadores “hemos” trabajado. El temor de los fundadores es perder el control de su partido.
La visión de los delegados-fundadores de Morena pasa por una concepción ideológica y el filtro de la lealtad militante; y se confía ciegamente en el arrastre probado de Obrador .


Pero otra manera de comprender la disputa por el poder en Morena estriba en la dificultad de la izquierda local para generar candidaturas competitivas rumbo al 2018.
Sus militantes son conocidos en su partido pero carecen de proyección fuera de él, a excepción de Andrés Manuel López Obrador. En esa lógica, los delegados pugnan por aprovechar el efecto Obrador que demostró su fortaleza en la elección federal del 2012 cuando Andrés Manuel  ganó la elección en Puebla.

Aunque los actores políticos de la izquierda local, en muchas ocasiones, han acompañado a movimientos sociales y de resistencia, no han despuntado en competencias abiertas, a diferencia de lo que sucede en otros estados de la república y en la Ciudad de México.


El otro déficit de la izquierda en Puebla es la defensa del voto y la estructura electoral. Es decir, que al término de la votación los candidatos cuenten con un 100% de las actas de cómputo. Debido a que PRI y PAN realizan acuerdos sobre la mesa para revertir tendencias electorales luego del cierre de las casillas, la única manera de demostrar un triunfo electoral es: o de manera holgada o con las actas del cómputo de las casillas firmadas por los funcionarios de casillas y los representantes de los partidos políticos.
La estrategia que ha seguido López Obrador desde la elección del 2006 no le ha dado resultados y parece ya desgastada: denunciar un fraude electoral pero sin el 100% de las actas de cómputo que le permitan demostrar el fraude el día de la elección. Para los seguidores de Obrador la denuncia del fraude es suficiente para probar la lealtad de su proyecto pero en términos efectivos esto no les ha permitido ganar la presidencia de la república o gubernaturas en los estados como en el caso reciente del Estado de México.


En la elección a gobernador del 2016, Abraham Quiróz, un profesor universitario y exmilitante comunista, compitió por Morena para la gubernatura por decisión de los consejeros estatales. El candidato de Morena realizó una campaña que no capitalizó el descontento en contra del gobierno del panista Rafael Moreno Valle.
Quiróz con la marca de Morena alcanzó 186, 589 votos. Pero la votación ni siquiera arañó los primeros lugares y demostró la fragilidad de las candidaturas arraigadas en la militancia de Morena pero sin el punch extra que se requiere para disputar el poder sin la figura de López Obrador en la boleta electoral.

Si se compara lo que sucedió en Veracruz, donde en el 2016 también se celebraron elecciones locales, se muestra como una candidatura competitiva alcanza a amplios sectores sociales. En la elección del 2016 al gobierno del estado en Veracruz, Morena postuló a otro profesor universitario, Cuitláhuac García, quien alcanzó 629,347 votos, pero a la postre perdió la elección.
Pero en el caso de Puebla, los resultados mostraron a una izquierda testimonial con una votación que ni siquiera le disputó el poder al grupo del panista Moreno Valle.
El candidato Tony Gali de la coalición PAN-PT-PSI ganó la elección con 869,878 votos. Blanca Alcalá del PRI-PVEM-PES obtuvo 643,260 votos.
Pero Morena en el estado percibió su magra votación como un éxito y festejó que obtuvo más votos que el PRD, su archi-enemigo que solamente alcanzó 75,173 votos.

En los próximos días, Morena definirá a su coordinador estatal, eufemismo para la “candidatura” al gobierno del estado. Con la cuenta regresiva rumbo al 2018, la decisión, por la vía incierta del partido izquierdista que se percibe ganador, aclarará el mapa político del estado, pero también indicará el derrotero de Morena, la izquierda partidista que puede disputarle Casa Puebla a la mancuerna PRI-PAN el próximo año.

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