Multitud June 30, 2018


Texto y foto por Óscar Romero (@Oscar_Romde)

A estas alturas, hay cosas en esta vida que son imposibles de negar, por ejemplo, el culto que existe alrededor del círculo gastronómico. Todo ese circo que existe alrededor de lo que muchos denominan “una buena mesa” valor y expresión que hasta cierto punto es atinado y en otro es una burla a todo lo que conocemos. Desde las personas que creen que una buena mesa es un conjunto de productos que se autodenominan como gourmet, hasta las otras que creen que una buena mesa se resume a una buena compañía. Evidentemente, yo no soy quien para definir lo que es una buena mesa, esto es a elección del lector o consumidor según sea el caso. De hecho, muy en el fondo comparto más la opinión del segundo ejemplo. Lo sé, probablemente después de estar leyendo esta columna sobre cervezas importadas y artesanales, parecería que soy más empático con el primer caso, pero no me mal interpreten. Por mucho, algunas de las cervezas que mas he disfrutado, son las denominadas “chelas banqueteras”. Esas que me he tomado al final de un ensayo, justo afuera del estacionamiento de un oxxo, y que he compartido una botella de 350ml entre 4 personas. Esas que se toman directo de la botella, sentado en la banqueta.

Si bien es cierto, que al final en cualquiera de los casos, es casi imposible eliminar el ritual gastronómico. Esta ahí, a su manera. Un ritual gastronómico urbano que atañe a una singularidad: “el momento”. Claro, no todo se puede resumir al momento, también es importante reconocer la calidad del producto. Por desgracia, es mentira que muchas de las cervezas convencionales nacionales son productos elaborados con los más altos estándares de limpieza y respeto por el medio ambiente.

Creo que para ninguno de nosotros es una novedad que las grandes corporaciones se han encargado de mancillar todos los productos que conocíamos, desde la receta original del chocolate, la explotación de la comida italiana, hasta tomar los recursos naturales de una nación. Donde es posible que te corten el agua por adeudos de treinta pesos, pero las mega corporaciones tienen todas las libertades y beneficios para extraer de los mantos acuíferos toda el agua que necesiten. Como es el caso de Coca-Cola en el sureste mexicano. Lugar, donde puede faltar el agua potable, pero jamás la botella de Coca en la mesa. No debería extrañarnos que, con estos rituales gastronómicos, México sea de los principales consumidores de refresco de cola en el mundo, y que a la par, sea uno de los países líderes en desnutrición y obesidad infantil.

Instagram: @oscar_romde

Estamos acostumbrados, como seres sociales a la importancia y privilegios de los que gozan las grandes corporaciones. Estamos acostumbrados a reconocer que la mayoría de los productos que ingerimos son más bien una mezcla de aditivos, edulcorantes y conservadores para crear lo que ya muchos han definido como la Frankencomida”. Y si el dicho “eres lo que comes”, es verdad, en ese caso somos más artificiales que Michael Jackson o Elba Ester Gordillo. Esta comida baja en grasas, baja en calorías y baja en escrúpulos, se caracteriza por ser un coctel de químicos que ayudan a preservar la materia. Evidentemente estas mezclas no son del todo sanas para nuestros cuerpos, y cada día somos atacados con productos transgénicos que representan el verdadero mercado global que se encuentra detrás del poco sano, y casi satírico ritual gastronómico.

Nos encontramos en un mercado gastronómico que cobra por asegurar que sus productos no son todo eso que representan las grandes compañías. Un mercado, donde es importante y casi imposible demostrar la pureza y respeto que le tienen al producto, pero ¿Qué no debería ser siempre así? ¿No debería de existir una preocupación global, por parte de las mega compañías en producir productos comprometidos con el medio ambiente (que tanto se empeñan en destruir) y generar productos ricos en componentes naturales y no ser saturados por químicos y conservadores? Solo es una pregunta, pero al final es claro que los factores económicos representan un elemento de mayor fuerza que el respeto por el producto y la materia. No solamente hablando de granos en el caso de la cerveza, sino también hablando de carnes, de procesos de crianza y sacrificio del ganado. Es evidente que no se van a cambiar los sistemas de producción, pero siempre existe una vertiente diferente.

Conforme nos acercamos al final de nuestra existencia, cada día estamos más acostumbrados a escuchar la palabra orgánico, natural o verde. Depende del mercado y país en que se encuentre, así como la sobre explotación mediática a la que ha sido expuesto. Pero, realmente ¿Qué significa?  En la mejor de las instancias y esperando que no sea una hábil estrategia publicitaria, los productos orgánicos son definidos como los productos que se crean de forma controlada, creando la menor cantidad de desperdicios y que respetan el medio ambiente. Son productos, que la creación de los mismos no dañará el medio y que por lo tanto , estos no contienen ningún tipo de edulcorante, aditivo o conservador. Garantizando la frescura natural del mismo. En pocas palabras “como debería ser, como fue en un principio”.

Un buen ejemplo de un producto de esta categoría es la cerveza Porter de Eel River. Cervecería consolidada en Fortuna, California, Estados Unidos y certificada por la USDA como un producto orgánico. Cerveza que cuenta con 5 lúpulos bien balanceados, que crean sabores bastante originales pero muy equilibrados a café y un poco a chocolate gracias a las matas tostadas. Demostrándonos lo que es capas de hacer una buena selección de Granos.

La cerveza, aún que bastante suave a mi parecer, de un color poco menos intenso comparada con cervezas del mismo estilo. Es un digno representante de una Porter Orgánica. Ampliamente recomendable para aquellas personas que están interesadas en conocer más sobre el mercado de la cerveza artesanal, pues a pesar de ser de un estilo con notas bastante fuertes y muchas veces poco aceptadas, esta es una cerveza bastante sutil. Creada con energía renovable y generando en sus instalaciones la menor cantidad de desperdicio posible, aun es una cerveza que tiene mucho que aprender de compañeras del mismo estilo. Nos recuerda los principios sobre los cuales debe guiarse el mercado global gastronómico. Tener respeto por el producto, el consumidor y el medio ambiente.

Solo esperemos que la popularidad de los productos orgánicos no termine saturando el mercado, convirtiéndose en una campaña de marketing bien elaborada para justificar elevados precios de los productos. Ofreciendo productos regulares con envoltorios en color verde y de contenido estéril.

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